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El Patagonauta

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El Chalten - Mi primer trekking PDF Imprimir E-Mail
Escrito por El Patagonauta   

El mismo comenzó luego de terminar la facultad y recibir el titulo de Ingeniero, seguramente también te pasa pero es el día de hoy, cinco años después que todavía tengo la sensación de que me faltó dar alguna materia, mejor no pensar tanto no vaya a ser cosa que sea haga realidad.

El viaje se dió sin mucha preparación, simplemente en dos días armamos todo, en donde me tocó organizar la lista de víveres para llevar, obviamente lo intente hacer con la planilla de mocosoft, pero al ver que tardaba tanto, mis compañeros de viaje comenzaron a gastarme diciendo “6 años de ingeniería y no sabes ni armar una lista de víveres en la Excel”, gastada que al día de hoy sigo recibiendo de ellos.

El primer destino del viaje fue El Calafate, los integrantes de la expedición fueron El Oso, Balle, Peralta y yo, en aquel entonces aun no era conocido como Patagonauta.Notar los bultos que llevabamos.

Ya en el Calafate comenzaron los problemas como todo viaje que se organiza en dos días, a saber, el negocio de las Traffics está en que las mismas solo salen de El Calafate de mañana con destino a cualquier lugar y las mismas llegan a el Calafate desde cualquier lugar pasado el mediodía, el negocio está en que tenés que pernoctar en Calafate si o si, entonces nuestros amigos los choferes sacan rédito de haber conseguido turistas para el hotel, no se si ahora sigue siendo así, pero en su momento nos rompía los planes de estar en el mismo día en destino.

Luego de hacer peripecias en la Terminal de Omnibus, con las agencias de viaje, sacando chapa de trabajar para Andesmar, El Oso consigue transporte para seguir nuestro rumbo,lo que nos hace levantar la decena de bolso y cajas que nos acompañaban. Pero el chofer nos dice que no tiene lugar para nuestras cajas (ahí estaban nuestros víveres para 7 días), a lo que El Oso le responde “o subís la caja o te rompo todo”, obviamente el chofer encontró un lugar para nuestras preciadas cajas, y el Gaby Peralta no sabía como pedirle disculpas al chofer luego de tremenda apurada.

Ya en viaje hacemos la única detención en una estancia donde lo curioso es que en vez de tener un gato o un perro, tienen un guanaco domesticado, prácticamente vive dentro de la casa nos dijo la dueña del hogar, las fotos estuvieron a la orden del día con el bicho en cuestión.

Luego de unas cuantas horas de viaje llegamos a El Chalten ya de noche, lo primero que hicimos fue preguntar donde estaba el campamento municipal (la idea siempre fue gastar nada), con muy buena onda nos dirigen al lugar la misma gente de la traffic sino hubiera sido casi imposible llegar con Las Cajas de los alimentos, ahora no recuerdo si la onda no vino por otra apurada de El Oso.

Crean o no, no es tan simple como parece el armar una carpa de noche a la sola luz de las linternas y más si el viento azota sin piedad, esa fue nuestra primer experiencia en grupo donde se empezaron a notar los líderes y los súbditos.

Luego de un par de horas y después de tomar unos drinks para soportar la temperatura extrema típica de la cordillera al sur del paralelo 42° nos vamos a dormir.

La primer noche fue imposible de olvidar, hasta el día de hoy está en nuestras mentes, fueron ciento las veces que contamos como nuestra carpa, virgen en lugares de alta montaña, descendia ferozmente hasta golpearnos la nariz, producto del suspiro del Dios Kooch, que bajaba por el callejón de viento.

Les aseguró que era muy fácil imaginarse el recorrido del mismo, hasta le dábamos forma, como si tuviera alma y cuerpo, Él bajaba desde la cumbre de la montaña hasta el valle mismo donde estábamos acampando, sacudiendo sin piedad los árboles y nuestra frágil guarida.

El amanecer nos despertó, y fue grande nuestra sorpresa, estábamos frente a la mejor foto de la naturaleza en su expresión más pura, señores esto es el Chaltén.

Atrás quedaron las anécdotas del recluso Peralta, quien pasó toda su colimba frente a un escritorio, aunque él lo negaba y afirmaba que las noches de imaginaria eran las peores. El momento del primer mate y de nuestra expedición al Pueblo había llegado.

Bajamos por la Avenida San Martin y llegamos al puesto de la guarda parque, quien nos brindó la información necesaria para realizar las caminatas que queríamos hacer lo antes posible, “…tengan cuidado con los pumas y siempre salgan en grupo…”, “…las caminatas háganlas en fila india para no agrandar el sendero y todo lo que lleven tiene que volver…”. Anotado y gracias.

El primer día fue utilizado para acostumbrarnos a la altura, ordenar la carpa que la noche anterior intentamos armar en penumbras, y hacer nuestro primer recorrido, seguimos el camino bordeando el Rió de las Vueltas, y fue el primer intento del Oso por pescar algo, armado hasta los dientes con su caña y sus 3 cucharitas, comenzó su lucha contra la naturaleza, “la dorada es la mejor” dijo, y fue la primera que perdió dentro del no tan caudaloso río, ¿o le perdimos?

Balle aprovechó para realizar el primer intento de escalada y logró subir unos tres metros sobre el nivel de la ruta, ya estábamos listos para nuestra primer travesía.

Volvimos al campamento y luego de jugar a ser parte de la guerrilla y de comer lo suficiente para reponer energías, que aún no habíamos gastado, nos fuimos a la carpa nuevamente a soñar, pero esta vez con la idea de conocer la Laguna Torre, a tres horas de distancia de nuestro campamento base, según informa la planilla de recorridas provista por la guarda parque.

Ya teníamos hora de salida, las 0600 horas zulú del día tres. Esta vez armamos una única bolsa de dormir con las tres que teníamos en la carpa, el frío no se volvería a burlar de nosotros otra vez, por cierto Balle se cambió a la carpa de las provisiones, por seguridad… la de Él.
 
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